Al frente de Balenciaga desde 1997, Nicolas Ghesquière ha sabido conjugar lujo y modernidad como pocos. Y su colección otoño-invierno 2010 es una confirmación más de su gran talento: cortes imposibles, reminiscencias pictóricas y experimentación textil.
Actualizando el juego de líneas verticales y horizontales que podríamos ligar con el pintor Piet Mondrian, lo primero que llama la atención son los estampados de sus vestidos: colores pastel con ciertas luces fluorescentes para un corte sencillo. Recuerdan a jerseys demasiado grandes y la silueta queda disimulada para sólo descubrir las piernas.

Dentro de la misma línea, la colección también propone unos pantalones pirata estampados, a tono con una versión de los vestidos, esta vez sí transformados en jerseys, que quedan fruncidos por un cinturón.
Otras prendas interesantes son las blusas con estampados tipográficos, decoradas por un cierre que permanece abierto. Un estampado similar se repite en unos conjuntos muy peculiares, que combinan detalles de drapeado con patrones modernos.
Finalmente, es imposible no reparar en el calzado que acompaña a toda la colección: más contemporaneidad en unos zuecos dominados por una particular suela. En conclusión: belleza y novedad, ¡todo en uno!
Fotos: Balenciaga













